En el número 117 de la conocida revista Muy Interesante Historia, Paloma Rosado, miembro del Instituto de Interacción, publicó un pequeño artículo sobre la figura de Carl Rogers, dando así a conocer su persona y su trabajo a un público diferente, más amplio, al habitual.
Reproducimos aquí el texto:

Carl Rogers
Tras La revolución de la fraternidad (Destino), la terapeuta Paloma Rosado ha presentado este año su siguiente título El poder del dolor (San Pablo) Aquí escoge como figura histórica favorita a uno de los fundadores del enfoque humanista de la psicología.

Hay personas que construyen historias hermosas y valiosas a partir de los grandes sucesos que les alcanzaron en la vida. Pienso en Gandhi, Keller, Mandela, Múgica… capaces de renunciar a la inquina y la venganza tras ser sometidos al martirio. Y también hay otras personas que son capaces de construir historias igualmente hermosas hilvanando pequeños gestos, poniendo su conocimiento y profesión al servicio de los valores humanos, por ejemplo. Podríamos decir que estos son héroes más cotidianos pero igualmente atrevidos y arriesgados. Así es mi mirada sobre Carl Rogers.

Profesor universitario, investigador, psicoterapeuta y psicólogo experto en explorar las tensiones intra e interpersonales y las emociones profundas para permitir su integración. Rogers fue uno de los creadores de la escuela humanista de psicología y plasmó su pensamiento y método en la llamada Psicoterapia Centrada en la Persona. ¡Toda una revolución! A finales de los años 50 del siglo pasado, los psicólogos buscaban ganar reconocimiento y prestigio para su joven ciencia ensalzando las pruebas objetivas, el uso de las técnicas profesionales y los diagnósticos. Él, valiente y audaz, no siguió la tendencia imperante que marcaba el conductismo o el psicoanálisis y manteniéndose en el método científico, buscó comprender lo que subjetivamente experimentaba cada ser humano –lo fenomenológico-.

Su propuesta para el mundo de la psicología –que llegaría a tener eco en el de la sociología, la pedagogía e incluso la empresa- le supuso transitar durante varios años los desiertos del descrédito, la incomprensión y la desconfianza de sus colegas. Aunque dolorido, siguió caminando fiel a la congruencia que tanto amó, manteniendo una visión positiva del ser humano entendido como un “ser organísmico” con una tendencia básica hacia el crecimiento cuando encuentra las condiciones adecuadas y desarrolló un método terapéutico que implementara dichas condiciones a través del las actitudes del terapeuta (empatía, aceptación incondicional y congruencia). Se cuenta que en la base de esta visión teórica tuvo mucha importancia una anécdota campestre en un almacén de patatas. Si éstas cuando están almacenadas en la oscuridad siguen desarrollando raíces y brotes en dirección a la luz para poder sobrevivir ¿cómo no iba a hacer cualquier ser vivo lo mismo? ¿Cómo no iba el ser humano a contar con esta fuerza?

Amante del trabajo con grupos y colectivos, Rogers puso en práctica sus planteamientos teóricos en conflictos sociales y políticos y llegó a mediar en Irlanda del Norte y Sudáfrica. Para él no existía desencuentro pequeño porque sabía que toda persona necesita de un espacio de seguridad para poder explorar sus dolores más profundos, entenderlos y recuperar la espontaneidad y la armonía. El mismo año de su muerte fue nominado al Premio Nobel de la Paz.