EL DEVENIR DE LA FAMILIA: vaciamientos y revaluación
Fernando Vidal Fernández
Profesor del Departamento
de Sociología y Trabajo Social
Universidad Pontificia Comillas de
Madrid.
"Para describir nuestra infancia en las tierras bajas de Carolina del
Sur tendría que llevarte a las marismas en día de primavera,
levantar a la garza azul de sus silenciosas tareas, espantar a las gallinetas de
la marisma hundiéndonos en el fango hasta las rodillas, abrir una ostra
con la navaja y dártela a comer en su propia concha, y decir: 'Toma. Este
sabor. Éste es el sabor de mi infancia.'. Te diría 'respira
hondo', y tú respirarías y recordarías ese aroma durante el
resto de tu vida: el penetrante y fecundo aroma de la marisma, exquisito y
sensual; el aroma del cálido Sur; un aroma como de leche recién
ordeñada, semen y vino derramado, todo ello perfumado con agua de mar. Mi
alma pasta como un cordero en la belleza de las mareas crecientes. (.)También
mis padres tenían su historia, una historia que yo recordaba con ternura
y dolor al mismo tiempo, una historia que me hacía perdonar sus pecados
contra sus propios hijos. En una familia no puede haber crímenes a los
que no alcance el perdón." Pat Conroy, 1986: "El príncipe
de las mareas".
Introducción
- Entrar en el debate sobre la institución familiar en el siglo XXI
nos sitúa ante un árbol de dilemas que, como primera medida, nos
recomienda modificar las mismas condiciones de ese debate público haciéndolo
menos doctrinario, ampliando el sujeto deliberante e implicando a diversas
investigaciones filosóficas, éticas, psicológicas y
antropológicas. Es importante deliberar no desde lo doctrinario sino
liberar lo familiar de adscripciones permanentes y de dogmatismos: lo familiar
no es monopolio de nadie sino que es social y vivencialmente tan primordial para
cada cual y la comunidad política que toda ideología mayoritaria
debería cuidar una política específica para su defensa y
promoción. En este escrito pretendemos colaborar a dicha deliberación
desde una perspectiva sociológica.
- Existe pleno acuerdo en que, a partir de lo que históricamente
conocemos, la familia es la agrupación humana primordial por antonomasia
y la más elemental de todas. Es la piedra angular de la estructura social
y cultural; el lugar donde se construye la cultura: se afianzan las creencias y
los valores cognitiva, normativa y emocionalmente en un solo proceso que trenza
las tres legitimaciones y las arraiga en la propia definición de la
identidad del sujeto en formación. Es la primera y mayor agencia de
socialización por la profundidad y duración de su troquelado, por
la inmediatez y facilidad del proceso, por la participación y
corporatividad del sujeto en la comunidad parental (1).
Desde la familia el niño construye la realidad social y la organiza
emocionalmente. Realmente, como señalaron los primeros sociólogos
decimonónicos, la familia es la piedra clave de la creación
social, el filtro de la socialización más definitiva. En tanto
institución central en los procesos de integración social, la
familia efectúa no sólo la socialización primaria de los
hijos sino que también establece marcos en los que se configuran los
sistemas de interacción y de construcción de identidad de los
adultos. La familia es un lugar privilegiado para que el aprendizaje sentimental
y narrativo; aunque, por ser privilegiado no plantea exclusividad alguna:
nuestra identidad se construye y negocia en ámbitos distintos. Por eso es
justo considerarla 'matriz' de desarrollo e integración social
(2). La familia genera y transmite la forma
básica de valor moral: las maneras de vinculación social, que es
lo que sostiene lo comunitario y los imaginarios (el sistema de representación
de la cultura, que sabemos que está compuesta de creencias, valores y
sentimientos).
- Es fundamental preguntarnos por la familia y lo familiar si queremos
comprender el devenir de los individuos, los grupos y las comunidades. Para eso
vamos primero a explorar la cultura de lo familiar; a continuación
visitaremos los distintos planos de la familia; y, finalmente, haremos una
reflexión última sobre la necesidad de las funciones familiares.
I. CULTURA DE LO FAMILIAR.
- La cultura se constituye en virtud de una infraestructura, de un sentido y
de una comunidad. La infraestructura se relaciona con el modo de producción
(cómo se determina y de quién es la propiedad de los medios de
producción), el modo de desarrollo (cuál es la fuente crucial de
la productividad, cuestión dependiente de la tecnología) y la
cultura laboral (tanto organización de las organizaciones económicas
como moral del trabajo).
Infraestructura económica: una familia con menos soporte económico
- La nueva organización neoliberal del trabajo induce una familia
cortada por varias discontinuidades relacionadas con la incompatibilidad horaria
por la multiplicación de turnos (con consecuencias para la falta de
presencia de los miembros para la convivencia familiar) como relacionada con la
discontinuidad de tiempos laborales y tiempos de desempleo (que, por encontrar
también oportunidades, permite temporadas de mayor disponibilidad para
atender a la familia y genera intercambios temporales en los papeles de trabajo
doméstico). Pero éstas son cuestiones secundarias aunque estén
en primera línea de las consecuencias prácticas para la vida
diaria de las familias. La cuestión central es que la familia no será
un factor importante para las organizaciones económicas que prescindirán
de sus políticas de familia y de la promoción abstracta de un tipo
de familia o de la misma existencia de familia. La familia, institución
flexible y versátil donde las haya, es muy dependiente del resto de
factores sociales, culturales, políticos y económicos. Pero
especialmente ha dependido, hasta el momento, de lo económico. En el modo
de desarrollo industrial, con empresas de solera, negocios familiares y empleos
fijos, se buscaba la estabilidad de los recursos (materiales, humanos y
financieros) y del orden social, lo que influía en un modo familiar
estable centrado alrededor del trabajador, normalmente el padre de familia. Sin
embargo, la transición del modo de desarrollo industrial al modo de
desarrollo informacional, ha introducido importantes cambios que afectan
agudamente a la familia. La inestabilidad, la flexibilidad y lo fluido han
sustituido a los códigos estables de la cultura económica y
laboral: las empresas son fácilmente liquidadas, desmontadas y
fragmentadas en redes; los empleos se convierten en proyectos temporales; los
contratos por cuenta ajena se transforman en contratos con autónomos; los
negocios de la nueva economía no necesitan estabilidad del entorno social
ni parece necesitar la estabilidad de sus profesionales por lo que la familia es
un factor innecesario para el orden comunitario, irrelevante para el perfil de
los profesionales e inconveniente para las políticas salariales y de
servicios de las empresas.
- La mayor parte de los trabajos se redefinen, gracias a las nuevas tecnologías
y a la nueva organización de la empresa, para ser desempeñados por
personas que realizan tareas rutinarias, sin autonomía ni creatividad,
con baja responsabilidad y en las que no importa la cualificación que se
tenga: es lo que ha sido llamado la "mcdonalización" del
trabajo o, como dice Coupland, los "mcjobs". Esto es lo que se ha
llamado "secundarización del mercado laboal". Pues bien, la
progresiva carencia de carreras profesionales por la secundarización del
mercado de trabajo conlleva la ausencia de modelos éticos de trabajo, lo
que tendrá como resultado una menor capacidad para transmitir
intergeneracionalmente una moral laboral y la obsolescencia del concepto de
vocación como formador de la identidad. Richard Sennet en su libro "La
corrosión del carácter" analiza entre las historias de vida
también perfiles de mercado primario (cualificados en puestos creativos o
directivos) que confiesan "a menudo estar al borde de la pérdida de
control de sus vidas" (3). Les preocupa
no dedicarse lo suficiente a sus hijos (4) y
tiene miedo de no poder educarlos adecuadamente (5).
- Además, también nos encontramos un necesario socavamiento del
patriarcalismo por la tendencia al mayor empleo femenino a la vez que se produce
una sobreexplotación de la mujer, lo que redunda en mayores tensiones
hacia la vida familiar y una nueva distribución del estrés social,
antes asociado principalmente al varón.
Sentido: una familia reflexiva, arriesgada, funcionalmente soluble y
revalorada
(Familia reflexiva)
- La familia de destino pasará de ser una condición necesaria
muy sancionada a una elección optativa de estilo de vida. La sociedad
futura, si consolida la tendencia actual, considera que la familia de destino es
cada vez más una opción de estilo de vida y una cuestión,
por tanto, de la vida privada de cada cual. Hay una transición de las
identidades de inserción a las identidades de elección. En las
primeras la identidad era una consecuencia de la adhesión insertiva en
una institución o comunidad cultural, era un subproducto de la inserción.
Actualmente, la identidad personal, pero también la identidad o cultura
corporativa, es el resultado provisional y crítico de una cadena de
elecciones que constituyen al individuo como proyecto, como sujeto expresado en
la acción. Anthony Giddens nos indica en su obra "Modernidad e
identidad del yo" (Península, Barcelona, 1991) que cuanto más
pierden su dominio las tradiciones y la vida diaria se reconstituye en virtud de
la interacción dialéctica entre lo local y lo global, más
se ven forzados los individuos a negociar su elección de tipo de vida
entre una diversidad de opciones. En efecto, "en el contexto del orden
postradicional el yo se convierte en un proyecto reflexivo. (.) La planificación
de la vida organizada de forma reflexiva se convierte en el rasgo central de la
estructuración de la identidad propia". (Giddens, 1991, cap.1).La
reflexividad, que puede llevara la anomía y la desestructuración
de las personalidades, así como a la indiferencia ante lo comunitario,
abre oportunidades al prevalecer la elección y la constructividad de los
sujetos. La misma familia se torna un proyecto reflexivo en el que cada vez
menos las tradiciones tienen un papel determinante y en la que los individuos
juegan un papel de doble reflexividad al negociar su posición
progresivamente conforme avanzan en edad (pero cada vez más temprano). Ya
no nos encontramos familias de linaje sino individuos familiarizados y a la vez
se extiende una mentalidad en la que la familia se privatiza radicalmente en el
sentido de reconocer menor legitimidad a los poderes públicos para
intervenir en el fenómeno familiar. La familia se cierra sobre sí
misma en una especie de contraincesto cultural: así como los clanes
tribales protohumanos lograron empujar la evolución social gracias a la
exogamia, casando a cónyuges de diferentes clanes, pareciera que en este
momento la familia viviera una acentuada endogamia cultural por la privatización
familista.
- La pluralización entendemos que puede jugar a favor de esa
deliberación pública sobre la familia. Las diferencias entre
sujetos, entre cada individuo y entre formas y culturas familiares, no son un
efecto secundario del devenir de nuestra civilización sino un factor
creativo de primera magnitud que pone en escena las políticas de
identidad (la pregunta por el ser, el sentido histórico y la esperanza
del futuro ya que la identidad es la narración alterada del yo) y una
demanda de una nueva arquitectura comunitaria que tenga como principio no la
tecnocracia y la tolerancia sino la participación y la convivencia, es
decir, un regreso del sujeto y de la diferencia.
(Modelo boeing de construcción pública de lo familiar)
- Todo crecimiento del nivel de prosperidad se logra gracias a la asunción
de una mayor dependencia de cada vez menos factores que afectan más
globalmente a un sistema progresivamente independiente. Por un lado, la
progresiva complicación de las fuentes energéticas ha permitido
mayores logros históricos a cambio de asumir mayores grados de riesgo
como los procedimientos de manipulación nuclear, etc. Por otro lado, la
progresiva complicación de las comunidades políticas
liberal-parlamentarias ha hecho estar pendientes cada vez más del hilo de
la conciencia cívica de cada votante. La sociedad humana se está
convirtiendo imaginariamente en un satélite de la misma Tierra; un satélite
vinculado al planeta por dos cables: la energía y la conciencia. Esas
soluciones cada vez más dependientes nos convierten en una civilización
cada vez más potente pero también vulnerable: el gigante con pies
de barro. Al principio, la complejidad era una respuesta a los desafíos
de la naturaleza. Ahora son nuestros propios errores y los nuevos retos
desencadenados por nuestra acción los que nos instan a tener que hacer más
elevado el grado de complejidad. Cualquiera de las intervenciones en el sistema
afectan de modo cada vez más crucial e incierto porque tenemos umbrales
de garantía cada vez menores. Menores no en el sentido que estemos más
asaltados por peligros sino porque cuando existe un desastre es cada vez más
terminal. El fenómeno atómico es el paradigma de la nueva sociedad
política: centrales cada vez más seguras ante peligros cada vez más
letales. Es lo que llamamos modelo Boeing de cambio social: volar es muy seguro
probabilísticamente, tan seguro como la probabilidad de morir si es que
hay un accidente aéreo. En la forma inversa también se aplica:
parece muy blindado el orden social y la probabilidad de que permanezca es muy
aguda, tan aguda como la vulnerabilidad del mismo sistema en caso de que exista
una posibilidad de cambio.
- Vamos hacia una sociedad, en palabras de Anthony Giddens, "apocalíptica";
René Thom lo anticipó muy lúcidamente en su obra de 1972, "Estabilidad
estructural y morfogénesis" bajo el lema "sociedad de catástrofes"
(6); Ulrick Beck lo ha acuñado bajo
la conocida fórmula "sociedad de riesgo". Los dilemas son cada
vez más cruciales: más multiplicadores o más divisores. Se
acabaron las decisiones con consecuencias de baja intensidad y además no
hay más remedio que asumir riesgos. En el futuro nos encontraremos que
las decisiones que tomemos habrán sido causa de efectos muy prósperos
o habrán dado al tacho con lo que se pusiera en juego. Estamos ante un
juego de "todo o nada". La estructura fenoménica del futuro es
cada vez más parecida a la de los milagros mesiánicos. Esto afecta
también a la familia. Se avecinan dilemas que afectan profundamente a la
forma culturalmente normalizada (dominante en el imaginario social) de familia
y sobre los que habrá que decidir a sabiendas que estamos en una
bifurcación crucial con consecuencias impredecibles. Este marco de análisis
no es una llamada al conservadurismo, que creo muy impracticable sino que la
consecuencia práctica que emerge es la de la necesidad de un aparato
complejo, amplio y profundo, de deliberación.
(Desagrupación familiar y reagrupamiento consumista)
- La construcción consumista del imaginario social hace soluble a la
familia. La familia tradicional se está disolviendo. Su ámbito se
reduce, cada vez está más nuclearizada. Su estructura se altera,
las relaciones de alianza, filiación y consanguinidad se modifican. La
familia, dicen incluso algunos predictores, está cada vez menos conectada
con el orden social y ya no es la célula fundamental porque al
individualismo del capitalismo de producción y acumulación (y la
familia es, entre otras cosas, un dispositivo productor de individuos) se opone
el grupalismo del capitalismo de consumo: al individuo como sujeto de la
producción sucede el grupo como objeto de consumo. Como dijo Jesús
Ibáñez, la publicidad no nos habla de los productos sino que nos
muestran el grupo de consumidores donde debemos disolvernos a través de
la comunión del objeto-fetiche; es decir, al comprar un producto de marca
no es el objeto el marcado sino que nosotros somos marcados como miembros del
grupo de consumidores. Porque en el modo capitalista laboral el individuo era el
sujeto de producción, pero en el modo capitalista consumista el grupo es
el objeto de producción: el producto es el mismo grupo, no el objeto. La
desestructuración de las relaciones familiares por el capitalismo de
consumo es coherente y funcional con el desarrollo de ese sistema porque si no
es necesario que haya individuos entonces no es necesaria la familia o incluso
puede ser un obstáculo al resistir con identidades grupales alternativas.
Comunidad: revaloración de lo familiar tras el proceso de
normalización de la pluralidad de formas.
- La familia siempre ha sido centro neurálgico de las transformaciones
sociales. Por tanto las formulaciones familiares han sido una constante
ineludible para cualquier proyecto de transformación o conservación
del sistema social. Una nueva familia es instrumento o producto imprescindible
de toda reorganización o retroorganización. En el terreno de la práctica
política la situación ha sido semejante. Todo cambio político
ha venido acompañado de transformaciones en las políticas de
familia en su vertiente legislativa y ejecutiva, por su aplicación
permanente y universal en la vida ordinaria de las poblaciones; por su fuerte
potencia simbólica para marcar rupturas, retornos o continuidades que
simulen modificaciones más radicales en otros campos; y también
debido a su centralidad estratégica cara al cambio social ligado a la
intervención en las mentalidades de las siguientes generaciones para
reproducir o innovar la sociedad de acogida.
- El peso de las ideologías que han visto la familia como subproducto
(del orden productivo, del orden biológico o del orden divino), no como
una realidad primaria independiente ha llevado a que la historia de las ideas
sobre la familia tenga un penoso recorrido dependiente de otros debates que no
han acabado de concebir íntegramente a la familia. Para muchos la familia
era el bastión del conservadurismo y garantía de orden social.
Para otros, la familia, sospechosa de reacción, continúa teniendo
que demostrar que no es traidora a la revolución: todavía está
vigente un imaginario revolucionario contra la familia. La revaloración
por la cual la familia aparece como una fuente independiente de tradición,
un origen sustancial de valores y creencias de carácter solidario y
comunitarista, se encuentra con la obsoleta discusión bipolar que intenta
de modo reductivista aniquilar la familia o consagrarla como fórmula
obligatoria. Contra eso, crece aquella valoración de lo familiar desde la
experiencia cotidiana de muchos ciudadanos que entienden que una película
es familiar, que un portal de Internet, un centro de ocio o un programa de
televisión, también lo es. Es previsible que lo familiar como
imaginario de valores y creencias progresivamente perciba más confianzas
de la gente conforme las comunidades e ideologías tradicionales prosigan
su decadencia. Además, hay una mayoría del Tercer Sector o la
autoorganización civil que incorpora lo familiar o lo vecinal como
protagonistas de los procesos de deliberación y transformación
social. Se avanza hacia una nueva arquitectura política condicionada por
la aplicación de principios de democracia radical en los que la familia
tiene un papel fundamental.
- Somos conscientes de que los programas sobre familia han sido abordados en
las últimas legislaturas con insuficiencia, indecisión y
debilidad. Un capital tan importante como la familia y las nuevas generaciones
requiere una política de mayor peso y seguridad. Se inscriben dentro de
un cambio ideológico sobre la familia. Las ideologías que definían
en los años sesenta la familia como un sótano de auritarismo y
alienación han cesado y se han encontrado en un "centro"
intermedio con aquéllas corrientes conservadoras que antes ponían
la familia como una institución inmutable en el centro de la vida social.
El reto de mayor esfuerzo es el deberá vivir la cultura de izquierdas que
todavía ahora reencuentra remisamente en la familia uno de los apoyos
comunitarios más firmes. Desde dichas posiciones sobre todo se entra en
una nueva cultura familista desde la defensa de las condiciones de vida de la
población femenina. En los dos grandes campos ideológicos
occidentales, se coincide en un diagnóstico social de progresiva anomía
frente a la cual la familia es uno de los principales recursos. Las políticas
de familia deben madurar más. Llama la atención la incertidumbre
sobre el modelo demográfico que los países occidentales quieren
para sí mismos y la política despótica que se aplica sobre
la demografía de los países empobrecidos.
- El Estado de Bienestar debe crecer por esa línea de derecho de
familia no sólo desde la clave de protección sino desde la promoción.
Los ciudadanos españoles atribuyen a los gobiernos una gran
responsabilidad en materia demográfica y familiar, pero, en cambio, no
hay acuerdo sino confusión en cuáles son las medidas oportunas.
Actualmente hay una progresiva conciencia de la importancia de la política
de familia pero incertidumbre acerca de sus contenidos y simplemente se hacen
campañas cosméticas para satisfacer a las propias bolsas de
votantes. Aquellos aspectos que recogen más apoyo son los que reclaman
una red universal de escuelas infantiles financiadas principalmente con fondos públicos.
Hay otras demandas tales como las subvenciones directas a la fecundidad, el
acceso a la vivienda, flexibilización de horarios, que la excedencia se
convierta en derecho y no en mera posibilidad, etc. Las líneas políticas
desarrolladas por el laborismo británico o por el socialismo francés
(que ha instituido un Ministerio de la Familia), han marcado un antes y un después
para la izquierda europea en materia de familia. La política explícita
para la familia como sujeto político no es una vuelta a la sociedad de
corporaciones. No, los ciudadanos son inalienables como sujeto político,
pero se debe abrir también un reconocimiento a la familia como sujeto
colectivo fundamental para la ejecución de políticas de bienestar
y sentido.
II. ANATOMÍA O ESTRUCTURAS DE LA FAMILIA.
- Sprott diferencia tres planos dentro de la familia que nos servirán
para realizar nuestro particular chequeo a las distintas formas de familia y las
principales líneas de modificación del modelo nuclear que dominó
durante varias décadas y que todavía sigue siendo el mayoritario.
Podemos analizar haciendo varias preguntas a la familia (tres preguntas
principales con algunos interrogantes de segundo grado en dos de ellas): ¿Quiénes
y cómo son nuestros parientes? ¿Cómo se decide y quién
hace qué según el género? ¿Cómo se relacionan
las personas de diferente edad?
A. Parentesco
A.1. Comunalidad parental: ¿Quiénes serán nuestros
parientes?
- La primera estructura, la parental comienza por una primera pregunta: ¿quiénes
serán nuestros parientes en el futuro? Se avanza hacia un parentesco
reticular en el que la comunicación existe pero se activa cíclicamente
según el curso de vida (nacimientos, matrimonios, muertes) o
coyunturalmente según las necesidades sociales (migraciones, crisis económicas,
exilios, estudios fuera de la ciudad de residencia familiar, etc.). Es un
parentesco en el que los miembros se constituyen por consanguineidad, desde
luego; los lazos de sangre continúan teniendo vigencia, es decir, que
cualquiera que tiene un lazo de sangre contigo de segundo o más grados
está legitimado para acudir a ti con intenciones de establecer comunicación.
Pero nada más: ya no existe ni existirá probablemente de nuevo un
código moral que establezca vínculos de deberes y derechos sobre
los parientes. Porque el parentesco dependerá de la construcción
singular e histórica de la sociabilidad, de las pandillas infantiles y
juveniles. Como mucho, persistirá un antiguo deber de auxilia y
consilia, de ayuda urgente y consejo o escucha hacia aquellos parientes
que no estén incluidos en esas pandillas primarias. Esto indica una
fuerte distinción entre red parental y comunidad familiar: lo parental se
legitima cada vez más en lo comunitario: es familiar aquel con el que se
han establecido lazos afectivos o de historia común, pero nadie echará
en cara de nadie que no atienda a parientes con los que no se ha tenido apenas
trato. Esto es muy interesante, porque lo que cambia es una de los criterios de
la organización emocional de la realidad o lo que Levi lama el nosismo y
Lipovetsky denomina socionarcisismo en su realización histórica
actual: en definitiva, cómo se construye lo que las familias entienden
por "los nuestros" o los indidivuos enuncian como "los míos",
aquellos por los cuales se está dispuesto incluso a sacrificar la propia
vida.
- Hay otro aspecto muy interesante de los cambios en la concepción del
parentesco y es que la sociología ha caracterizado como función
principal de lo parental la ubicación histórica del individuo en
una comunidad de memoria y de esperanza que era el clan, cuestión bien
interesante porque en una sociedad en la que las comunidades tradicionales
(iglesias, patrias, partidos) están en declive, ¿en qué
continuidad o flujo histórico va a encardinarse el sujeto? Y si es alguna
otra formación social, ¿qué vínculos van a
establecerse, diferentes de la consaguineidad o la herencia genética o el
compromiso biovital entre generaciones? ¿Qué capacidad vinculante
tendrán? ¿Avanzamos hacia un modelo deudor del pragmatismo de
Richard Rorty que pudiera decir: ya no hay familia sino relaciones familiares? ¿La
reflexividad de la familia se desprende de la dimensión
intergeneracional? ¿Qué concepción existirá de la
solidaridad (dependencia o corresponsabilidad) con las generaciones pasadas (la
solidaridad con la memoria) y con las futuras?
- También es un fenómeno interesante la reducción del número
de hijos que va a conllevar a que existan muchas personas sin hermanos y que,
consecuentemente, que no hayan conocido experiencialmente la fraternidad, lo
cual es una modificación en la infraestructura de la formación
sentimental del sentido moral.
A.2. Grupo doméstico. ¿quién vive con nosotros?
- Se está produciendo aceleradamente una formación de nuevos
hogares polinucleares recombinados compuestos por fragmentos de familias
separadas y divorciadas, lo que lleva a la aparición de una nueva versión
de la madrastría, así como de los padrastros y hermanastros. Una
situación no desconocida por nuestra sociedad aunque ya ha hecho olvido
de la misma. Roussel recuerda la frecuencia con la que se daban hogares
polinucleares recombinados por causa de la alta mortalidad de las mujeres en los
partos, hace apenas siglo y medio.
A.3. Legitimidad conyugal. ¿Quién puede ser mi cónyuge?
- Permanece vigente el tabú sindiásmico del incesto según
el cual no pueden ser cónyuges aquellos afectados por una línea
consanguínea o política de ascendencia, descendencia o
cosanguineidad: ni padres ni madres (ni padrastros ni hermanastros) ni hermanos
(uterinos o adoptados, hermanos o hermanastros). Además gana fuerza el
tabú romántico: los cónyuges deben enlazarse enamorados, no
por conveniencia. Finalmente, hay un tercer tabú que paulatinamente se
debilita: el tabú heterosexual que impide que los cónyuges sean
del mismo sexo. La crónica es la de una sociedad que acepta la
legitimidad de la identidad y relaciones homosexuales; que estima justo que
exista una institucionalización pública de las parejas
homosexuales, a las que se les ofrece la posibilidad de un matrimonio
convivencial; que no pone obstáculos a personas que adoptan niños
que van a convivir en un hogar con una pareja homosexual; o que asume la
realidad de parejas con hijos que se recombinan con una pareja homosexual.
Realmente la situación está pendiente de la aceptación del
fin de la prohibición de la conyugalidad homosexual, conyugalidad que
lleva asociado el derecho de sopaternidad. Este sería, ya está
siendo en muchos lugares, el cambio más radical de la morfología
familiar y crea mucha incertidumbre y una oposición no muy beligerante en
la discusión pública que augura un éxito que es cuestión
de tiempo.
A.4. Institucionalización matrimonial. ¿Cómo puedo
casarme y descasarme?
- Lo más relevante es el paso del matrimonio de fusión al
matrimonio asociativo por el que se constata una devolución de los
procesos de institucionalización matrimonial a la comunidad primaria y la
creación de derechos matrimoniales de baja intensidad que provocan que
los matrimonios sociales (o parejas de hecho o matrimonios convivenciales)
tengan que realizar un acto legal ante un notario para que realmente no exista
como acto susceptible de generar una figura jurídica. El hecho consumado
es la transición del matrimonio como institución administrativa a
que se acogen los individuos a una institución privada en la que los
poderes públicos intervienen para garantizar derechos y cumplimiento de
deberes. Las consecuencias se reducen fundamentalmente a consecuencias de
desamparo legal y al cambio en los compromisos institucionales de los individuos
frente a la comunidad primaria que fundan, con cierta tendencia a la anomía.
Por lo demás, las consecuencias psicológicas en los matrimonios
sociales frente a los matrimonios legales, son idénticas.
B. Relaciones de género. ¿Quién hace qué y
quién manda qué?
- En este campo es conocido el debilitamiento de un modelo de familia basado
en el ejercicio estable de la autoridad dominadora sobre toda la familia del
hombre adulto cabeza de familia y, estructuralmente, del eje masculino sobre lo
femenino en cada generación fraternal. El patriarcado, la institución
más antigua de la historia, se debilita y anuncia su final para instaurar
no un matriarcado sino una convivencia democrática en la sociedad. No
obstante, también es cierto que el ascenso de las familias monoparentales
resta poder y protagonismo a los varones que han sido padres; es decir, podríamos
estar en una proporción de nuevas familias, ante una situación
familiar en la que se prescinde del varón, un verdadero matriarcado
familiar aunque en lo social se mantenga la simetría de géneros.
- En España vamos hacia una lenta redefinición de los roles
conyugales, con una distribución más igualitaria de las tareas.
Hoy en día conviven dos modelo en España: uno simétrico
(familia de doble carrera simétrica) y otro semitradicional (semibinómica).
Influyen como variables la edad, la educación y la autoubicación
ideológica. El reparto de tareas no se entiende como igualitario
necesariamente. Sólo un tercio creen que el varón debía
compartir las tareas en igual medida. Esta diferencia no sólo se
encuentra entre los colectivos más conservadores sino en colectivos
emergentes como jóvenes y los más educados, tanto entre varones
como mujeres. Lo que parece evidente es que se está dando una
democratización creciente de la vida doméstica al menos en el
plano de las actitudes. Hay dos variables que son muy discriminatorias para
caracterizar las actitudes: el estado civil y la tenencia de hijos. La familia
simétrica es ideal para dos tercios de solteros y para un tercio de los
casados; ideal para el 82% de los que no tienen hijos y 37% de quienes sí.
Una vez que se han constituido las familias y han de negociare los papeles no
está culturalmente claro quién resuelve qué. Los hogares en
que hay simetría son minoritarios, en tres cuartos de ellos la mujer es
la que soluciona el papel doméstico. E sdecir, que nos hallamos ante la
necesidad de una resocialización de la división del trabajo doméstico
y la democratización del hogar.
- Finalmente, el dilema más grave es el de los contenidos de lo
masculino y lo femenino. ¿Se va a una disolución de las diferencias
clásicas? ¿Existe un vaciamiento o una transformación de
ambos polos? En todo caso, la crisis de lo masculino, basado casi totalmente en
el patriarcalismo no ha hecho más que comenzar por la pérdida de
funciones monopólicas que tenía y por la adquisición de
otras funciones paternas de cuidado y educación de los hijos que antes no
desempeñaba.
C. Relaciones intergeneracionales
- Los hijos siguen considerándose un factor importante de felicidad
conyugal, un factor del éxito conyugal, a un nivel similar que tener una
relación sexual satisfactoria. Cada vez tienen más importancia
expresiva. Con el alza del valor emocional de los hijos se produce en primer
lugar un afianzamiento del valor de la filiación: así como lo
masculino, la paternidad, lo conyugal o lo fraternal están en una situación
crítica, la filiación asciende como un valor seguro, algo en lo
que la gente reconoce algo extremadamente importante y vigente. Las parejas y
muchas personas solteras desean tener hijos, lo deseable para la mayoría
de las familias serían tres hijos aunque es tal la sobreexplotación
de las mujeres que las nuevas leyes de conciliación familiar que ha
impulsado la Unión Europea quedan cortas y no logran compensar. Está
por establecerse como creencia compartida, que los hijos no son simplemente
opciones personales sino que constituyen un bien público que la comunidad
política debería cuidar protegiendo el derecho de las familias a
tener hijos y cuidarlos adecuadamente. Si gana espacio el reconocimiento de los
hijos como bien público y derecho familiar, el futuro nos depara una
ampliación de las bajas por paternidad y maternidad, y una reforma
profunda de las políticas públicas de natalidad y familia.
- Sobre la paternidad, ya hemos señalado la incertidumbre en la que el
varón está inmerso aunque circulando en un doble plano: frente a
la filiación en la vida práctica de lo cotidiano, no siente
incertidumbre mientras que en el debate público sí reina la
confusión. Es decir, si a algún padre le preguntamos en qué
consiste esencialmente la paternidad, no nos sabrá responder pero sí
sabrá dar cuenta precisa de cómo es su relación con sus
hijos. Posiblemente haga falta una generación nueva de padres que
consoliden un nuevo modo de cuidar y cuidarse, para que se descubra la nueva
función paterna que según los freudianos es separar y según
los lacanianos es limitar. A esta crisis de los papeles paternos se suma un
nuevo fenómeno: la biparentalidad homosexual, asunto que desligaría
lo paterno y materno de lo masculino y femenino haciendo trizas los
planteamientos esencialistas de lo familiar.
- Otro asunto clave en esta estructura de las relaciones intergeneracionales
es la educación. Existe confusión sobre el modelo pedagógico
de los padres frente a los hijos por diversos factores: existe un agudo escrúpulo
frente al uso de la autoridad y también un rechazo histérico al
conflicto con los hijos, lo que lleva a modelos pedagógicos permisivos o,
por el contrario, sobreprotectores. El primero son hogares en los que se evita
el control, se usan pocos castigos, se realizan pocas demandas al niño y
se le permite regular sus propias actividades, aceptando positivamente los
impulsos del niño. El resultado suelen ser niños con escasa
competencia social, bajo control de impulsos y agresividad, escasa motivación
y capacidad de esfuerzo, inmadurez y también son alegres y vitales. El
modelo sobreprotector parte de una sobrecarga emocional del hogar por ese vuelco
expresivo sobre los hijos y la concentración de las demandas y neurosis
sobre un hijo en solitario que no tiene hermanos con los que repartir y
compartir la carga. Al ser un solo hijo parece que hubiera un ansia por
determinar que el niño o niña "salga bien", no existe
margen para permitir la "oveja negra", lo cual se convierte en una
presión constante para elevar la competencia del hijo mediante cursos,
relaciones, experiencias, etc. En ambos modelos nos encontramos con familias en
las que la culpabilidad por el fracaso o el conflicto (que es entendido como
fracaso también) rige cada vez más los destinos de unas personas
progresivamente desentrenados para perdonar y reconciliarse. Sin duda, esto
tiene mucho que ver en el incremento del maltrato infantil y femenino en
nuestras sociedades que, lejos de ser un remanente del pasado, es un síntoma
del devenir sociocultural sobre lo familiar.
- No es secundario lo que pedagógicamente hacen las familias en virtud
de un hipotético vaciamiento de las funciones socializadoras a favor de
la escuela. No, las familias, por el contrario, son cada vez más
centrales. En teorías como la de Talcott Parsons, regía la idea de
un vaciamiento de funciones sociales de la familia, entre las cuales la primera
o segunda en citarse era la delegación o sustracción de la función
educativa a la familia a favor de la escuela. Hoy en día tenemos claro
que la familia tiene la primacía educativa y que la escuela es un
instrumento, lo cual devuelve la responsabilidad educativa a las familias.
- Un capítulo destacado lo constituyen las personas mayores de la
familia. Simplemente queremos indicar la consolidación de la cuarta edad,
más allá de una "tercera edad" que supone un tercio de
la vida. Los abuelos ya no son personas al final de su vida, sino que son gente
que ha pasado el segundo tercio de su vida y están en unas condiciones
suficientes para desempeñar muchas labores en la familia y en la
comunidad. Un primer asunto es la deslaboralización de la vida de los
jubilados que abre todo un tiempo para dedicar a muchos asuntos que hasta ahora
no habían tenido tiempo. No es extraño escuchar a muchas personas
que se sorprenden de que su padre (ahora abuelo) se comporte con los nietos con
una ternura y una habilidad cuidadora que nunca había manifestado antes
con sus propios hijos. En efecto, estamos ante una edad dorada de los abuelos.
Frente a los augurios del fin de la abuelidad por el aislamiento de la familia
nuclear, ha irrumpido una nueva abuelidad que redefine lo parental y hace
posible la vida cotidiana de cientos de miles de familias con niños pequeños.
III. EL SIMPLE DESCONCIERTO POR LAS FORMAS Y EL COMPLEJO PROBLEMA DE LAS
FUNCIONES
- ¿Cuál es el futuro de la familia? Parece que vamos a un cuadro
con una figura central homogénea que ocupa un tercio del lienzo y después
un espacio restante agrupado en pequeñas fórmulas familiares a las
que se acoge la gente. Sea lo que sea, la pregunta de fondo no es por la forma
de la familia sino por la necesariedad de las mismas funciones de la familia.
Primero es necesario definir familia, después de haber visto todo lo
anterior. Generalmente una exposición comienza retóricamente por
la conceptualización del objeto de estudio, pero es interesante visitar
la noción de familia al final de una reflexión como la que hemos
hecho, guarda unos curiosos efectos para extraer conclusiones.
- Lo familiar es un tipo de relación de parentesco que decanta en
diferentes organizaciones e instituciones sistémicamente dependientes
pero estructuralmente puede que fraccionadas. La estructura de lo familiar es
fractal, es decir se decanta en varias escalas de diferente fracción con
relaciones de dependencia sistémica. Podemos ver lo familiar desde lo
individual aunque no es una visión omnicomprensiva de todo lo familiar
porque existen sujetos sociales organizativos y relaciones, conscientes o
desconocidas, de carácter familiar. Podemos verlo desde lo doméstico,
como generalmente se enfoca, lo cual permite disponer de una perspectiva útil
pero engañosa cuando se trata de generalizar como la más
comprensiva.
- Además del fenómeno que hemos denominado "lo familiar"
(que, por ejemplo, incluiría los valores familiares), la familia en
sentido laxo puede llamarse familia parental o reticular o red familiar; el
segundo uso podemos denominarlo familia comunitaria o comunidad familiar; el
tercer uso, restringido, suele denominarse familia nuclear o núcleo
familiar.
- Así pues, para reconocer una red familiar es necesario que exista
algún tipo de vínculo parental establecido consanguínea o
aliadamente (vinculos parentales políticos) con bien una persona o bien
un núcleo familiar.
- Los límites de la familia comunitaria no están tan claros
biológica o legalmente sino que están ligados a compromisos de
geometría variable y siempre incluidos dentro del marco de pertenencia
parental, pero conservan un criterio común: es una característica
propia de algunas relaciones sociales. El carácter interactual es el
filtro crítico para formar parte de la institución en la modalidad
que tratamos. Los criterios de primariedad, permanencia y dependencia
multifactorial de las relaciones circunscriben los tipos de relaciones a
personas con trato primario e intensamente dependiente con temporalidad casi
vitalicia.
- Finalmente el criterio crítico tampoco varía al considerar la
unidad familiar mínima. Aunque la convivencia hogareña suele ser
una característica típica no es un criterio ni suficiente ni
estrictamente necesario aunque refuerce la institución que se forme. La
familia nuclear implica a los progenitores socialmente reconocidos y a su
descendencia inmediata. Las relaciones de dependencia que acompañan a ese
ascendente pueden ser de doble dirección. Podemos considerar la típica
relación de padres jóvenes con niños o también la de
padres mayores dependiendo de un hijo con el que conviven.
- Fijemos la atención en que, además de no usar la
convivencialidad, no hemos activado un criterio de primariedad ni dependencia
multicausal, sino que pueden existir familias nucleares rotas con relaciones
conflictivas o distantes. Sigue constituyendo una familia nuclear aunque no
forme una comunidad familiar.
- En efecto, un sujeto no tiene por qué disponer en su vida de una
comunidad familiar aunque posiblemente tenga una familia nuclear de referencia
y, desde luego, mientras la reproducción no establezca discontinuidades
mayores, una red parental aunque le sea desconocida.
- En efecto, no hay exclusividad de pertenencias. Creo que esta es una de las
condiciones importantes para disponer de una matriz conceptual suficientemente
explicativa y universal. Un individuo no necesariamente pertenece a una única
familia nuclear sino que puede formar parte de dos diferentes, precisamente
porque el criterio necesario y suficiente que hemos habilitado es el de la
relación conyugal o de ascendencia inmediata.
- Consecuencia de no vivir en una sociedad de corporaciones sino una sociedad
de individuos; consecuencia de no vivir en una sociedad "de familias"
sino "con familias", es esa multipertenencia nuclear.
- Funciones. Dado el mapa conceptual que hemos establecido, las funciones
primarias pueden ser propias del mismo hecho familiar o, independientemente, de
cada una de las organizaciones que decanta.
- Las funciones de la familia han ido variando en el imaginario social. Pese
a que permanecen con gran fuerza sus funciones económicas, no tienen un
campo tan amplio como antes: ya no es unidad de producción sino que lo es
sobre todo de capitalización y consumo. Las funciones emocionales, sin
embargo, han evolucionado al alza. "La familia occidental se ha convertido
en una fábrica de personalidades" (Luís Flaquer, 1998:35). De
ella depende la fijación de la cultura del individuo (las creencias y
valores con sus respectivos relatos) y en gran parte la estabilidad de los
sujetos desde la infancia a la vejez.
- Lo familiar tiene una función principalmente identitaria como
proyecto temporal bien sea de forma veraz a través de interacciones empíricas
con la red parental en sus distintos planos o bien imaginariamente por los símbolos
asociados a los antepasados clánicos.
- La red parental asume esa función general de ubicación histórica
(narrativa) del sujeto o de los sujetos sociales que se formen. Generalmente se
vinculan a las redes parentales otras funciones que más adelante
estudiaremos como aquéllas de carácter económico o
asistencial en crisis o de reconocimiento social en los diversos ritos (la
sociedad sobre todo se personifica en la red parental con quien interactuamos:
son los parientes (y amigos también en diferente medidas y sin garantías
vitalicias) presentes en los ritos de paso quienes atestiguan quién se
es.
- La familia nuclear tiene históricamente como función la
reproducción (al menos la reconocidamente idónea o normativamente óptima)
demográfica de una comunidad política y la correcta crianza de la
progenie según la cultura de creencias y valores socialmente establecida
como ética cívica (mínima). Además la familia
nuclear incluye la función paterna y la función materna que ha
tenido distintas configuraciones institucionales a o largo de la historia pero
cuya presencia como papeles interactivos es universal siempre que exista el
progenitor.
- La comunidad familiar tiene la función universal de la solidaridad
(del tipo mecánico según Emile Durkheim o del tipo natural según
Ferdinand Tönnies) primaria, permanente e interfactorial en condiciones de
parentesco entre los miembros. Además, hay otra función única
y universal: la comunidad familiar produce bienes y servicios en condiciones de
familiaridad que pueden disponerse para la implementación de dicha
solidaridad. Tanto cuanto la familia nuclear constituya además una
comunidad también vincula esta función primaria de generación
de bienes y servicios en condiciones organizativas de familiaridad. Ninguna otra
institución del mundo, aunque se haya buscado, produce ese tipo de
bienes. Por caso, el amor de madre es único e insustituible. Sólo
se da en una familia nuclear y en ninguna otra relación. La crianza en
una familia nuclear o en una comunidad familiar es insustituible. También
la ayuda familiar en los negocios parte de unos supuestos de familiaridad que no
se dan en ningún otro tipo de relación por ser diferente a los
trabajos voluntarios, asalariados o esclavos.
- En conclusión, las funciones familiares no son imprescindibles para
la supervivencia humana pero sí son insustituibles y, por lo que se
conoce históricamente, la estructura óptima para la reproducción,
la socialización y la integración social. Es el mismo ejercicio de
las funciones familiares a lo que ponen impedimentos la nueva empresa
neoliberal, la cultura consumista o las políticas que no incluyen lo
familiar como sujeto y derecho. La diversificación de formas familiares,
contra lo que suele decirse, puede significar una revalorización de las
funciones familiares en nuestra sociedad. Finalmente, me queda una sensación
de laberinto abierto: un camino no hecho del que no sabemos salir. Subyacen
muchas preguntas morales frente a las que desde luego la psicología tiene
un papel fundamental para ayudar a deliberar a la comunidad política. Me
recuerda aquella célebre pregunta de Alicia al gato, ¿de aquí
cómo se sale? a la que el gato responde: Depende a dónde
quieras ir.
(1)La coparticipación radical de
todos los miembros de la familia es reforzada como idea desde las perspectivas
nuevas de raíz constructivista, en las que se señala que incluso "los
niños son agentes activos en el proceso de construcción de
valores, estableciéndose una relación transaccional, aunque asimétrica,
con el adulto." Rodrigo y Palacios, 1998:205.
(2) En una cultura como la nuestra, no
obstante, la identidad no es lo idéntico y, por ello, las formas de la
vinculación social son también formas en las que se ejercen
distancias, conflictos y desvinculaciones: las formas de construcción de
identidad no son formas de construcción de adhesiones solamente sino de
diferencias, de conflictos y de pluralidad (Carlos Thiebaut
1987: "Los valores morales en la familia española", en M.
Beltrán y otros, 1987: "Estudio sobre la familia española",
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid:121-196.)
(3)"Rico teme que las medidas que
necesita tomar y la manera como tiene que vivir para sobrevivir en la moderna
economía hayan lanzado a la deriva su vida interior y emocional." R.
Sennet, 1998: "La corrosión del carácter. Las consecuencias
personales del trabajo en el nuevo capitalismo", Anagrama, Barcelona,
2000:p.18.
(4) "cuyas necesidades [la de los
hijos] no pueden programarse para que se adapten a las exigencias de su trabajo."
R.Sennet, op.cit.:p.19.
(5) "Ahora que él es
padre, le obsesiona el miedo a perder la disciplina ética, en especial el
temor a que los hijos se vuelvan unas 'ratas de centro comercial' (.) mientras
los padres permanecen inaccesibles en sus despachos." R. Sennet,
op.cit.:p.20.
(6) Quien quiera un texto accesible a
dicha teoría de Thom, puede consultar el libro de varios autores: "Pensar
la matemática", Tusquets Editores, Barcelona, 1984: pp.139-163.
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