Un grupo de personas. Un espacio donde compartir. Meses por delante de trabajo. Ganas de aprender. Una experiencia por vivir. De esta forma comenzaba el curso de Especialista en Psicoterapia Psicodinámica.

Personalmente, me había matriculado en el curso buscando una ante todo formación. ¿Dónde puedo formarme con garantías como psicoterapeuta humanista? Encontré la respuesta de forma rápida y prácticamente intuitiva. Puedo señalar como factores determinantes los años de experiencia del Instituto de Interacción, la calidad de los docentes y la clara orientación humanista de la formación, aunque probablemente, más que una decisión racional, fue una decisión sentida, intuitiva.

Desde el primer día encontré un curso eminentemente práctico. Con la metodología que propone el Instituto de Interacción se va asimilando la teoría a medida que se desarrolla la práctica. Los contenidos teóricos se alternan con las demostraciones prácticas. Aprendes de los profesores y de los compañeros, de los libros. Además, poco a poco fui comprendiendo que el curso requería mi implicación personal. Y reconozco que me sumergí en el proceso. 

El modelo de aprendizaje me posibilitó adquirir nuevos conocimientos y competencias a partir de lo que ya traía a la formación, es decir, a partir de mi bagaje profesional y personal. Aprendía sobre Psicoterapia Psicodinámica y también sobre mí mismo y sobre mí en relación a los otros. Progresivamente fue descubriendo que el curso ofrece además de formación teórica y práctica, un camino apasionante de autoconocimiento y desarrollo personal. 

Profesionalmente, el curso me proporcionó un aprendizaje esencial: cómo ejercer como psicoterapeuta psicodinámico, me abrió el camino a “ser psicoterapeuta”.  Durante este tiempo comprobé que el oficio de terapeuta no puede desligarse de la persona que lo ejerce. Acompañar a personas y grupos en un proceso de autoconocimiento o sanación va más allá de la técnica. Tiene también mucho de arte.

Hoy en día sigo aprendiendo. Con una mirada interna. Con cada persona que acompaño en terapia. Con lecturas y conferencias. Con compañeros. Con otras formaciones. En mi entorno cotidiano. Y aún hoy sigo elaborando cuestiones que surgieron durante el curso. Porque me proporcionó las bases para mi desarrollo personal y profesional y porque la formación del terapeuta no termina. 

Además de teorías, modelos, técnicas, intervenciones…el aprendizaje central fue adquirir más consciencia de mí mismo, de cómo soy, me pienso, siento y  comporto, cuando estoy en soledad y cuando estoy en relación a los otros, y eso es un aprendizaje de por vida. 

Y hoy sé que a medida que más me conozco, mejores decisiones tomo, ¿he dicho mejores?, sí más coherentes con lo que soy y en verdad quiero. 

Jose Mª Fernández Flores. Psicólogo

Psicoterapia Dinámica