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Hemos oído hablar de lo importante que es hacer «Meditación» y es posible que creamos que » meditar» es solo para personas muy expertas… Algo podemos hacer por nosotros mismos «a poquitos» confiando en nuestro cerebro, en nuestros recursos, en nuestra sabiduria, la que hemos ido adquiriendo en el camino de nuestra vida. Encontrar todos los días un rato para calmarnos es curativo:

El silencio que nos sana.

A veces permanecemos en silencio pero en nuestro interior discutimos fuertemente, confrontándonos, con nuestros interlocutores imaginarios o luchando con nosotros mismos.

Estar en silencio es reconocer que mis preocupaciones no pueden mucho. Un momento de silencio, incluso muy breve, es como un descanso, una tregua en medio de lo que nos perturba.

La agitación de nuestros pensamientos se puede comparar a una tempestad que sacude nuestra barca. A veces nos encontramos perdidos, angustiados, incapaces de apaciguarnos a nosotros mismos.

Necesitamos calmar nuestro corazón cuando este se encuentra agitado por el miedo y las inquietudes que nos desasosiegan.

Cuando cesan las palabras y los pensamientos, nos acoge un silencio agradecido. Recuperamos la Paz interior y se disuelve la amargura.

La riqueza del silencio

  1. Para captar la revelación del silencio es muy importante lo primero, lograr silencio y no es tarea sencilla.
  2. Encuentra un lugar tranquilo, silencioso que te proporcione paz.
  3. Cierra los ojos e intenta hacer silencio corporal, silencio mental, silencio afectivo… Unos momentos..
  4. Cuando abras los ojos de nuevo date cuenta de cómo ha sido ese silencio, de lo que has pensado, de lo que has sentido.
  5. No hay motivo para el desánimo.
  6. Si has sido consciente de tu dispersión mental, de tu agitación interior, del alboroto emocional dentro de tu corazón, del miedo que has sentido en las fronteras del silencio demuestra que tienes dentro de tí al menos un pequeño grado de silencio que te ha ayudado a caer en la cuenta de dónde estaba tu cabeza muentras tu cuerpo estaba en el lugar que has escogido.
  7. Cierra de nuevo los ojos y percibe tu mente dispersa durante un rato.
  8. Siente ahora el silencio que te hace posible tomar conciencia de la dispersión de tu mente.

Begoña Aguirre Palacio